Me gustaría escribirte


Me gustaría poder escribirte y decirte todo lo que llevo pensando desde hace algún tiempo.  Qué irónico, tanta valentía que tengo para ciertas cosas y es pensar en ti y me vuelvo una cobarde. Son muchas cosas las que quiero decirte y algunas no sé cómo te las tomarás. Si sonreirás como un tonto o te reirás de mí, por ingenua y porque la tonta de los dos siempre he sido yo, y ambos lo sabemos... Eso es lo que me frena: qué pensarás tú. El resto desde hace ya tiempo me da igual.

Nunca me he querido mostrar contigo tal y como soy. Será que una parte de mí le das miedo y la otra está convencida en que no eres para mí. En que no pegamos ni con cola. Yo soy como esa niña que parece que no ha roto un plato en su vida y tú eres el chico malo de la peli, pero en esta película el chico malo no se enamora de la chica frágil. Ni de coña.

No me gustaría perderte, bajo ningún concepto. Algo me dice que estamos en un punto de inflexión y aunque por una parte esté tranquila porque sé que no te irás a ningún lado, por otra sé que quizá sea tarde ya. Y eso es lo que me jode. Me jode porque no me alejé de ti por querer, contigo siempre hice lo que creí correcto y quizá fue en eso en lo que fallé. Quizá debí decirte lo que pensaba y sentía desde el primer día. Igual debí besarte cuando me apeteció, irte a abrazar cada vez que mis brazos te echaban de menos y decirte un me gustas a tiempo. Quizá ahora ya sea tarde. No quiero perderte, no, pero tampoco quiero joderte. Quiero que seas feliz, conmigo o sin mí. Eso es lo más importante.

Tampoco te voy a negar que me has decepcionado. Lo has hecho, aunque ya se me haya pasado. Yo siempre quise estar para ti, ahí, al pie del cañón y tú reacción fue muy de si te he visto, no me acuerdo. Antes que nada yo pensaba que éramos amigos... A veces sí pienso que tú tampoco fuiste lo suficiente valiente como para coger y decirme lo que sentías, si es que sentías algo.

Si existe el destino está claro que estamos destinados a un ni contigo ni sin ti, pero tendré siempre en cuenta que es tan culpa tuya como mía, aunque a veces pese más lo segundo que lo primero, y es que me las doy de dura, pero ya sabes que en realidad siento y luego existo.