Mis llenadores de vacíos

Quédate



No te vayas. Quédate. Vuelve a abrazarme. Bésame. Dime que no, que esta vez no llego tarde. Mírame a los ojos y entiende todo lo que tengo que decirte, que no es poco y es bien bonito. Escúchame cuando no hablo, léeme entre líneas... Espérame e ignórame cuando te suplique que te vayas, que quiero que me dejes sola y... quédate.

Vente atrás de mí cuando decida huir de ti, por miedo o porque no sé cómo gestionar que un chico me guste tanto. Abrázame cuando te diga que tengo miedo a que me rompas el corazón y me dejes rota. Dime que te gusta todo de mí, especialmente todo aquello que a mí no me gusta, como que te eche en cara tonterías que no te mereces... Como que tenga valentía para las injusticias pero no para decirte que me has gustado desde que te conocí. Dime que tendrás toda la paciencia para ayudarme y que tenemos todo el tiempo del mundo para que mis heridas cicatricen y que las cuidarás como si fuesen tuyas. Dime que tú también has gastado mi nombre hablando de mí. Miénteme y dime que sentiste lo mismo que yo al verte. Cuando me quede distante, mirándote y callada, abrázame, seguramente esté echando de menos que estés a más de un metro de distancia.

Date cuenta ya, por favor. 
Date cuenta que te miro como no he mirado nunca a nadie. Date cuenta que eres tú y siempre has sido tú. Date cuenta que me dices "ven" y no es que vaya, es que paralizo el jodido mundo para pasar un segundo a tu lado y que me abraces, me cojas la mano, porque nadie nunca ha sido tan casa y tan refugio como tú.

Quédate.
Y quédate ya, porque te quiero y te echo de menos a partes iguales y creo que, por fin, debería ser nuestro momento.

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