Si tú sonríes, yo sonrío.

Cuando te olvides de sonreír, recuerda que estoy aquí, al otro lado, dispuesta a hacerte sonreír con miles de tonterías que tengo guardadas solo para ti. Recuerda todo lo que pienso de ti y que si lo pienso, es porque lo eres.

Cuando tengas ganas de llorar, recuerda los buenos momentos, no solo los pasados conmigo, si no los pasados con todas las personas que quieres o que has querido. No te preguntes por qué se acabó, respóndete que mereció la pena y que toda esa alegría la revivirás, de una manera distinta, quizás más feliz todavía. Cuando tengas ganas de llorar, abrázate como lo haría yo o piensa que estoy ahí, sentada a tu lado escuchando todo lo que te pasa. Cuéntamelo, y si no puedes, escríbemelo. Algún día lo leeré. Imagina mi opinión, si es que la necesitas. Aunque no creo que sea tan importante.

Cuando tomes una decisión piensa que la que tomes, será la mejor. No tengas miedo a equivocarte, porque los errores no existen, son lecciones que nos da la vida. ¿Te duelen? Piensa que gracias a ellos tienes todo lo bonito que tienes, que has llegado a ser lo que eres. Y aunque no te lo creas, todos somos preciosos, lo que pasa es que a veces se nos olvida o nos miramos desde un punto de vista en el que nos infravaloramos...


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